Primera nota del dossier de octubre “Pueblos originarios en el Atlántico Sur”. Hoy, María José Figuerero Torres y Guillermo Mengoni Goñalons, escriben sobre el proyecto de colonización en el sur de Chubut y Santa Cruz.
Por María José Figuerero Torres (*) y Guillermo L. Mengoni Goñalons (**)
A diferencia del norte de la Patagonia, el sur de Chubut y Santa Cruz no fue escenario de las batallas libradas por el Ejército Argentino en contra de los pueblos indígenas durante la “Campaña del desierto” (1879-1885). Aquí, el proyecto de colonización se inició luego de concluida la acción militar. En la concepción oficial, estos terrenos estaban vacíos, libres para su ocupación por los colonos quienes estaban destinados a revertir la improductividad del “desierto”. La figura del pionero, como precursor e iniciador de la ocupación del territorio provincial ha reforzado esa idea de vacío de ocupación y ausencia de los pueblos indígenas. Es por ello que en la concepción de la sociedad contemporánea de la provincia, lo indígena se ubica en el pasado y mayormente se desconoce su presencia actual.
Esto contrasta con el conocimiento que actualmente tenemos acerca de la historia de la ocupación indígena. La profundidad temporal se basa en el aporte de la arqueología, que remonta la ocupación a 16,000 y 13,000 años atrás, en la Meseta central de Santa Cruz. También proviene de una renovada lectura de los viejos relatos de exploradores y viajeros. El tiempo más reciente se nutre de la memoria de las familias indígenas actuales y del material antropológico del siglo 20.
El nombre originario que se daban a sí mismos en lo que hoy es Santa Cruz, es actualmente desconocido. Patagón, aónik’enk, tehuelche, chónek, mapuche o paisano son nombres que aparecen mencionados en los documentos desde el siglo XVI. Hoy los términos tehuelche y mapuche han sido mantenidos por los indígenas patagónicos para autodenominarse, designar su pertenencia, reafirmar su identidad y recuperar sus prácticas culturales.

Capa o kai realizada por Adela Yatel de Gobernador Gregores, Santa Cruz. Febrero, 2014 (Foto MATRA)
Hasta no hace mucho tiempo su subsistencia se basaba en la caza y recolección y la familia constituía la unidad de organización social. La incorporación del caballo en la segunda mitad del siglo XVIII posibilitó recorridos más amplios y el contacto con los blancos que se adentraban en el interior de la Patagonia fue más frecuente. Esto produjo cambios en los circuitos de movilidad y en un corto tiempo se dedicaron, en forma complementaria, al comercio a larga distancia de plumas de avestruz, cueros de guanacos y capas confeccionadas con pieles de chulengo.
Los indígenas actuaron de baqueanos y proveyeron de caballos a los viajeros y expedicionarios “blancos” que recorrían Patagonia. A su vez fueron proveedores y clientes de los bolicheros y mercachifles que gradualmente se instalaron en sus territorios. En varias ocasiones las mujeres indígenas se convirtieron en esposas de algunos colonos. También, transmitieron sus conocimientos y enseñaron a los colonos a sobrevivir en las primeras décadas de su establecimiento en la Patagonia.
Las narrativas orales registradas desde de fines del siglo XIX revelan diferentes detalles sobre los orígenes del mundo, los humanos, los animales y otros seres. Tal es el ciclo de Elal, en sus distintas versiones relatadas por los mismos indígenas. Estas narrativas han sido apropiadas y reelaboradas por los “blancos” y tomado el formato de relatos homogéneos y leyendas folklóricas, despojándolas del sentido original que tenían.
A partir de fines del siglo XIX y en tan sólo unas pocas décadas, los colonos ocuparon los territorios indígenas, respaldados por las políticas estatales que incorporaron esas tierras al Estado-Nación. En consecuencia muchos indígenas fueron reubicados en reservas, algunos corridos a zonas más marginales y otros absorbidos como mano de obra en estancias u otros emprendimientos rurales y urbanos. Esto fue solo uno de muchos mecanismos que llevó a los indígenas a que se volvieran invisibles para la sociedad. Para poder resistir las presiones y lograr sobrevivir dentro de la sociedad blanca, en pocas generaciones dejaron de exteriorizar o transmitir sus prácticas culturales, entre ellas, la lengua.
La nueva constitución de 1994 que reconoce la preexistencia de los Pueblos Originarios y otra legislación importante sobre sus derechos, territorialidad, cultura y educación , está cambiando este panorama de invisibilización. La revisibilización se evidencia en las más de 9000 personas, que se reconocen como indígenas u originarios en la provincia en el censo 2010 . Actualmente hay 13 comunidades tehuelche, mapuche o tehuelche-mapuche en Santa Cruz, que tienen por meta defender sus derechos o recuperar su espiritualidad

Trabajo de relevamiento final en los trabajos excavación arqueológica de un alero con ocupación indígena en el Noroeste de Santa Cruz, Proyecto Arqueología de Los Antiguos-Paso Roballos, Instituto de Arqueología, Facultad de Filosofía y Letras, UBA, 2011. (Foto M.J. Figuerero)
La celebración del “Día del respeto a la Diversidad Cultural”, fecha que reemplaza el “Día de la Raza” desde 2010 , es una de las señales de cambio del lugar que los Pueblos Originarios ocupan en la conciencia de la sociedad actual.
Este texto y las citas textuales de los indígenas, forman parte del libro “Huellas y voces de los Pueblos Originarios de Patagonia Sur”, que será editado por la Fundación Azara. Brinda los resultados de nuestra investigación arqueológica en el Noroeste de Santa Cruz y suma la participación y consulta con las comunidades originarias. Las comunidades, a su vez, ven que este libro sirve para “nuestra difusión, para darnos a conocer y para que el mundo sepa que todavía existimos, no de la manera que lo hacíamos antes, pero estamos igual”. Esperamos con ello satisfacer una real necesidad de conocimiento por parte de la sociedad y, a la vez, estimular una reflexión en la concepción que tiene el público actual sobre los Pueblos Originarios del sur de Patagonia.
(*) Investigadora y Profesora UBA
(**) Investigador del CONICET, Director del IA y Profesor UBA
Fuente: http://museomalvinas.gob.ar/noticias/?id=3606
