{"id":2716,"date":"2017-02-15T11:33:19","date_gmt":"2017-02-15T11:33:19","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--ensearlapatagonia-ixb.com.ar\/blog\/?p=2716"},"modified":"2017-02-15T11:33:19","modified_gmt":"2017-02-15T11:33:19","slug":"asi-es-un-dia-en-la-veranada-del-norte-neuquino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/xn--ensearlapatagonia-ixb.com.ar\/sitio\/asi-es-un-dia-en-la-veranada-del-norte-neuquino\/","title":{"rendered":"As\u00ed es un d\u00eda en la veranada del norte neuquino"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"subheadline font-2 fs16\">Los crianceros del norte neuquino permanecen entre tres y cuatro meses en la cordillera al cuidado de sus reba\u00f1os que se alimentan en las pasturas altas.<\/h2>\n<h2 class=\"subheadline font-2 fs16\"><\/h2>\n<div class=\"block-author\">\n<div class=\"block\"><\/div>\n<div class=\"byline font-1-bold fs12\">Javier Avena<\/div>\n<div class=\"byline font-1-bold fs12\">Fotos: Alejandro Carnevale<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"byline font-1-bold fs12\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-2717\" src=\"https:\/\/xn--ensearlapatagonia-ixb.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/Criancero-2-300x168.jpg\" alt=\"Criancero 2\" width=\"300\" height=\"168\" \/><\/div>\n<div class=\"block-author\">\n<div class=\"byline font-1-bold fs12\"><\/div>\n<div class=\"byline font-1-bold fs12\">\n<p>A sus 82 a\u00f1os, a don Emilio Gonz\u00e1lez no le tiembla el pulso para montar su alaz\u00e1n y trepar la empinada ladera frente al puesto para buscar a sus chivas, controlar que no se le hayan mezclado con las de otro pi\u00f1o, ni le hayan cruzado para Chile. Despu\u00e9s las rodea a fuerza de chiflidos, gritos y los ladridos de Milonga, Cuida, Chico, Combate y Colada, que se sum\u00f3 en el camino y supo ganarse su lugar. Ayer nom\u00e1s, al atardecer, baj\u00f3 por esa monta\u00f1a al mando de sus casi mil animales junto a sus fieles laderos. Lo cuenta como parte de una rutina que a sus ojos no deber\u00eda sorprender a nadie, si es lo que hace todos los a\u00f1os, mientras calienta sobre las brasas el agua para el mate en una pava ennegrecida, al lado de la construcci\u00f3n de piedras y barro donde duerme. Es una ma\u00f1ana de sol en la cordillera de los Andes.<\/p>\n<p>Abajo, a unos 10 metros, pasa el r\u00edo Neuqu\u00e9n que nace unos 30 km antes, agua cristalina sobre el lecho de piedras, caudal escaso tras un invierno con pocas nevadas. Pese a que el declive le juega en contra, don Emilio se las ingeni\u00f3 para armar un canalcito y regar la huerta, ahora con rabanitos y acelga.<\/p>\n<p>Como siempre, vino con sus chivas desde Huantraico, a unos 260 km, junto a su hijo Daniel. Despu\u00e9s de casi un mes de arreo llegaron el 24 de diciembre y festejaron Navidad en el puesto.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s Daniel volvi\u00f3 al campo de invernada a cuidar a los chivatos, los reproductores que servir\u00e1n a las hembras cuando regresen para comenzar otra vez el ciclo. Y don Emilio se qued\u00f3 solo en la cordillera.<\/p>\n<p>\u201cMe gusta esta vida, me gusta este lugar\u201d, cuenta y ceba un mate dulce mientras mira correr el r\u00edo.<\/p>\n<p>Unos 20 km hacia el norte, sobre una lomita en un valle rodeado de monta\u00f1as a dos mil metros de altura, don Valent\u00edn Guerrero (67) cocina un chivo reci\u00e9n carneado. Mientras el cuero se orea colgado de una cuerda, esparce las brasas con calma, en silencio, bajo el techo de chapa del puesto de piedras y barro. Afuera, Dora (59), madre de sus 12 hijos (nueve mujeres y tres varones) pone sobre la mesita de madera las tortas fritas que cocin\u00f3 minutos antes y prepara la ensalada de lechuga que trajeron los yernos.<\/p>\n<p>Cada verano, don Valent\u00edn arrea hasta aqu\u00ed sus 200 chivas desde el campo de invernada en Ailinco, a unos 15 km de Varvarco. Sol\u00eda tardar tres d\u00edas, pero ahora que habilitaron el puente para los crianceros, lo hace en dos. Se queda algo m\u00e1s de tres meses mientras los animales engordan y crecen en libertad en las pasturas altas del norte neuquino. Al atardecer sale a buscarlos en su montura. Como los de cada criancero, tienen un corte en la oreja que los diferencian del resto, pero \u00e9l no se fija en eso.<\/p>\n<p>\u201cLos reconozco de lejos\u201d, cuenta mientras los mira a la distancia asomado a la puerta, los ojos achinados por la luz. Vuelve a concentrarse en el asado.<\/p>\n<p>\u201cFalta poco\u201d, dice mientras acomoda las brasas. Uno de sus yernos va en busca de la bebida. Camina unos metros sobre la pradera, pasa al lado del caballo, se agacha frente al agua que brota de la tierra, llena la botella.<\/p>\n<p>\u201cMe gusta m\u00e1s que la que cae de la vertiente\u201d, explica.<\/p>\n<p>A unos 10 km, sobre la Ruta Provincial 54, Mario Gonz\u00e1lez y Chano Feliciano est\u00e1n a cargo de unas 500 chivas. El due\u00f1o de los animales es de Chos Malal. Mario, de 50 a\u00f1os, tendr\u00e1 un porcentaje al final de la veranada. Si le va como la pasada, se quedar\u00e1 con medio centenar. \u201cVengo muy bien desde la parici\u00f3n, ojal\u00e1 que siga as\u00ed\u201d, explica. H\u00e1bil en el manejo del pi\u00f1o, lo trajeron al puesto en camioneta porque se hab\u00eda golpeado una costilla y no estaba para el arreo.<\/p>\n<p>Ya es la tarde cuando Chano (56 a\u00f1os, cobra un sueldo fijo) repara el corral de piedras y Mario va en busca de las chivas.<\/p>\n<p>Apronta la monta y sale acompa\u00f1ado por dos perros lanudos, uno con aire de ovejero, la raza m\u00e1s buscada por los crianceros. El pi\u00f1o est\u00e1 a un kil\u00f3metro, sobre unas rocas que dan forma a un mirador natural en la ladera. A puro ladrido y amagos de tarasc\u00f3n la avanzada pone en marcha el regreso. Despu\u00e9s el jinete completa la tarea, se mueve lo justo detr\u00e1s del grupo para mantener el paso ordenado, mientras uno de los perros va en busca de los rezagados.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, sentado sobre un tabl\u00f3n en ronda de mate y torta fritas a la sombra de los tamariscos y los mimbres, cuenta que una vez se le quedaron cinco al borde de un precipicio del que no pod\u00edan volver. Como a caballo no se pod\u00eda llegar, trep\u00f3 a pie y en un momento se dio cuenta: si fallaba en afirmarse en el paso siguiente, se ir\u00eda para abajo sin remedio. Entonces volvi\u00f3, le cont\u00f3 al patr\u00f3n, que mir\u00f3 para arriba.<\/p>\n<p>\u201cDejalas\u201d, le respondi\u00f3.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-2718\" src=\"https:\/\/xn--ensearlapatagonia-ixb.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/Criancero-1-300x201.jpg\" alt=\"Criancero 1\" width=\"300\" height=\"201\" \/><\/p>\n<p>\u201cA veces uno arriesga la vida ah\u00ed\u201d, dice ahora Mario. Detr\u00e1s, cuelga de una rama la trucha arco iris que pesc\u00f3 en el Neuqu\u00e9n.<\/p>\n<p>Daniel tambi\u00e9n arriesg\u00f3 la vida, pero fue para proteger a sus chivas de un puma. Vive cerca de la veranada y le bastan dos d\u00edas de arreo para llegar hasta el puesto desde su casa en Manzano Amargo, pueblo de unos 800 habitantes a unos 20 km de donde arrancan las tierras de pastura. Puede ir y volver como ahora, cuando cuenta esta historia en su casa, mientras los chicos se ba\u00f1an en la pelopincho frente a la plaza y su hermano se qued\u00f3 arriba con la tropilla. Aquella noche tuvo que salir a defender al pi\u00f1o junto a sus perros, la linterna en una mano y el cuchillo en la otra. Mientras el puma peleaba con ellos, en un momento le pudo ganar la posici\u00f3n para clavarle el pu\u00f1al en el lomo.<\/p>\n<p>\u201cSin perros no hay criancero\u201d, dice. Y sigue con el relato sobre los predadores: \u201cEl c\u00f3ndor ataca en la parici\u00f3n. Se eleva y se tira en picada. Como que se avisan, porque aparecen varios juntos. El puma es sigiloso y la hembra mata para ense\u00f1arle a los cachorros. Pod\u00e9s encontrar veinte muertos aunque nada m\u00e1s hayan comido uno. El otro es el zorro, tambi\u00e9n muy peligroso y da\u00f1ino\u201d.<\/p>\n<p>La protecci\u00f3n contra esos depredadores es vital aqu\u00ed. Hay m\u00e1s de 200 puestos de veranada en unos 320 km cuadrados a partir de las cercan\u00edas de Manzano Amargo, esparcidos en los alrededores de la Ruta 54 y el r\u00edo Neuqu\u00e9n, que hay que vadear 18 veces para llegar hasta los \u00faltimos.<\/p>\n<p>Cada criancero tiene un promedio de 500 chivas, que valen 900 pesos en lote o mil de a una. Es decir que hay unos 100 millones de pesos en chivas en la monta\u00f1a. No es todo: de acuerdo con la estimaci\u00f3n de las autoridades, hay adem\u00e1s unas 25.000 ovejas, unas 10.000 vacas y unos 5.000 yeguarizos en este territorio donde suena la cumbia campera chilena y la ley de la monta\u00f1a indica que para que no haya problemas hay que respetar los l\u00edmites de los puestos aunque no haya palos ni alambres y no tocar nunca un animal ajeno a menos que sea para devolverlo a su pi\u00f1o.<\/p>\n<p>Don Emilio Gonz\u00e1lez conoce esa m\u00fasica y esos c\u00f3digos, porque lleva unos 40 a\u00f1os en esto. Su madre muri\u00f3 cuando lo dio a luz, una familia de Manzano Amargo lo adopt\u00f3 y ya de chico fue pe\u00f3n. \u201cTrabaj\u00e9 mucho en mi pobreza\u201d, dice y explica que fue don Atilio V\u00e1zquez el que le abri\u00f3 las puertas a otro mundo cuando le permiti\u00f3 ir a medias en una parici\u00f3n en la que \u00e9l puso el trabajo. As\u00ed empez\u00f3 y hoy tiene todas esas chivas all\u00e1 arriba, form\u00f3 una familia, le dio de comer a los seis hijos y tiene un batall\u00f3n de nietos y un puente que lleva su nombre.<\/p>\n<p>Lo construyeron hace poco, cruza el Neuqu\u00e9n y le dicen \u201cDon Emilio\u201d porque fue \u00e9l quien se lo pidi\u00f3 unos tres a\u00f1os atr\u00e1s al entonces gobernador Jorge Sapag. Ven\u00eda de recorrida por la 54 y lo fren\u00f3 el puestero y le explic\u00f3 que le costaba mucho pasar con las chivas en un tramo donde el r\u00edo se hace m\u00e1s hondo, que se le empacaban o se le ahogaban. Entonces el gobernador le pidi\u00f3 que lo pusiera en una carta. Pero como \u00e9l no escribe, la dict\u00f3 y el propio Sapag le hizo firmar con el pulgar con un carb\u00f3n.<\/p>\n<p>El puente lo inauguraron en este veranada, es de eucalipto y un par de maderas se levantaron, pero a don Emilio no le importa: cruzar por ah\u00ed le ahorra tiempo y vidas, se le ilumina la cara cuando lo cuenta. Tiene otro motivo para estar contento: vino a visitarlo uno de sus hijos, \u00c1ngel, con su nieta Agustina y dos vecinos de Neuqu\u00e9n con sus familias. Est\u00e1n de vacaciones en la veranada: dan una mano y pescan truchas, caminan la cordillera, se ba\u00f1an en el r\u00edo o en el misterioso pozo termal de aguas tibias que brota a unos 500 metros del puesto. Antes lo conoc\u00edan solo los crianceros pero ahora ya viene gente a pasar el d\u00eda.<\/p>\n<p>A don Emilio le piden permiso para pasar y nunca dice que no, pero se enoja cuando no se lleven la basura. Por estas horas le inquieta otra cosa: saber cuando pasar\u00e1 el agente sanitario de Manzano Amargo, porque le duele un dedo de la mano derecha.<\/p>\n<p>Ya ha pasado una hora desde que don Valent\u00edn puso el chivo con un pu\u00f1ado de sal como \u00fanico condimento.<\/p>\n<p>Mueve el ensartador apoyado en dos piedras en los extremos, mira, parece que ya est\u00e1.<\/p>\n<p>\u201cListo\u201d, dice. De botas, bombacha gaucha, camisa y sombrero, no usa protector solar como sus yernos; no le hace falta a su rostro curtido por tantas veranadas. Levanta el ensartador y lo clava con otra piedra al lado de la mesita.<\/p>\n<p>\u201cS\u00edrvase\u201d,dice.<\/p>\n<p>Todos sacan el cuchillo que llevan en la espalda entre el pantal\u00f3n y el cintur\u00f3n y se sirven una deliciosa porci\u00f3n sobre las tortas fritas. Despu\u00e9s de comer, explica que va a dejar sueltas a las chivas un par de d\u00edas y que la \u00e9poca m\u00e1s sacrificada de trabajo es la parici\u00f3n, cuando hay que estar las 24 horas alerta. La charla sigue y Dora cuenta que eran 13 los hijos, pero que uno se les fue a los siete meses: eran dos d\u00edas a caballo desde Ailinco hasta Varvarco, no hab\u00eda ambulancia y el beb\u00e9, con mucha fiebre y tos, no resisti\u00f3. El viento sopla fuerte y no se lleva esas palabras. Solo retoman la sonrisa para despedirse y pedir disculpas por la mala atenci\u00f3n, una costumbre del norte neuquino, aunque cueste encontrar gente m\u00e1s amable<\/p>\n<p>Mario ten\u00eda su propio reba\u00f1o, pero una tormenta de nieve lo sorprendi\u00f3 en pleno arreo y le mat\u00f3 casi todas las chivas. Rescat\u00f3 las que pudo y no se anim\u00f3 a mirar atr\u00e1s para ver lo que dejaba. As\u00ed fue que debi\u00f3 buscar un trabajo, empezar de nuevo.<\/p>\n<p>Chano, en cambio, siempre fue empleado y a esta altura sabe que es dif\u00edcil cambiar. \u201cPero ac\u00e1 estoy, en la monta\u00f1a. Es linda esta libertad\u201d, dice. Ambos estar\u00e1n pendientes de la radio por la noche, para ver si los patrones les env\u00edan alg\u00fan mensaje.<\/p>\n<p>A Daniel le apasiona la \u00e9poca de la parici\u00f3n, aunque no coma ni duerma. Se debe estar concentrado cada minuto, explica, entre otras cosas porque hay madres primerizas que abandonan a sus cr\u00edas y hay que buscarle una sustituta a los guachos y lograr que los acepten.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, cuando todos crezcan vendr\u00e1 el momento de partir hacia la veranada. El tranco ser\u00e1 lento en subida y m\u00e1s r\u00e1pido en bajada, con animales m\u00e1s fuertes.<\/p>\n<p>Entonces, en la invernada, todo volver\u00e1 a empezar en esta bendita tierra de r\u00edos, lagos, valles y monta\u00f1as donde los crianceros construyeron su lugar en el mundo e intentan que las generaciones que vienen sigan sus pasos.<\/p>\n<\/div>\n<p>Fuente:\u00a0http:\/\/www.rionegro.com.ar\/sociedad\/asi-es-un-dia-en-la-veranada-del-norte-neuquino-BI2208672<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los crianceros del norte neuquino permanecen entre tres y cuatro meses en la cordillera al cuidado de sus reba\u00f1os que se alimentan en las pasturas altas. 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