¿Cómo se reparte la riqueza que se genera con la producción de manzanas?

Interesante artículo periodístico del diario “Río Negro”, para trabajar con l@s niñ@s el concepto de circuito productivo desde una perspectiva que tenga en cuenta las relaciones desiguales entre actores sociales…

El chacarero recibe menos de un décimo del valor logrado en las góndolas de supermercados y fruterías.

 

Javier Lojo

 

La actividad frutícola regional está hundida en una profunda crisis económica y todo indica, por la inercia de los acontecimientos, que el ajuste sobre el sector continuará siendo compulsivo ya que no existen señales de que algo, desde el punto de vista macroeconómico, pueda llegar a modificarse en el corto o mediano plazo.

Fracasó la política. Lo mismo se puede decir del sector privado dirigencial.

El sistema, en este último medio siglo, vivió una progresiva degradación a la par de las estériles pujas internas que sólo sirvieron para acercar aún más al precipicio la ajetreada actividad.

En los últimos 50 años, todo se modificó dentro del mercado frutícola internacional. Hubo un cambio de paradigma. La tecnología ocupó un lugar central, aparecieron las nuevas variedades y jugadores sobre la oferta de manzana con altos niveles de competitividad. Pero el sector del Valle de Río Negro y Neuquén nunca pudo adaptarse a estas nuevas reglas de juego. Argumentos hay cientos. Modelos económicos que no contemplaron las economías regionales, internas políticas que dejaron de lado la actividad, la creencia de que éramos los únicos que podíamos producir pomáceas en el mundo… en fin, todo un libro se puede llegar a escribir mostrando de dónde venimos y hasta dónde llegamos en el pequeño mundo de la fruticultura del Valle.

Hoy todo indica que la manzana, como oferta natural que se cosecha de una planta, es sólo el argumento para sostener un sistema del Valle en el que no se contempla ese mismo producto. Suena paradójico. Es algo así como que las fábricas de cemento no sean consideradas dentro de la cadena que conforma la industria de la construcción.

La realidad es que hoy el productor por la venta de su manzana recibe un promedio de 24 centavos de dólares cuando sus costos se ubican en 34 centavos de esa misma moneda. Es decir que pierde 10 centavos cada vez que sale un kilo de fruta de su chacra. Si tomamos, siempre hablando de promedios, que una explotación tradicional de 20 hectáreas produce 35 toneladas de manzanas, las pérdidas se disparan a 70.000 dólares por temporada. Esta simple foto, en la que se incorporan algunos números, se viene repitiendo hace ya más de dos décadas, dólares más, dólares menos.

¿Qué lleva a que el productor pierda 10 centavos por kilo? No hay una única variable que da respuesta a este interrogante. El problema es multicausal. Pero no hay dudas de que la lógica comercial del sistema es (y ha sido) una de las variables que ayudó a consolidar este desmadre en la actividad. La manzana es un producto tomador de precio en el mercado. No es, por dar un ejemplo cualquiera, una heladera, que es formadora de precio. Esta última industria compra la chatarra, el motor, mano de obra, estantes… suma costos, agrega un porcentaje de ganancia y coloca el producto con un valor terminado en el mercado. Para la manzana, otro es el esquema. El producto se entrega a concesión (se paga en función del precio de venta final). Resumiendo, en góndola se pone a un valor determinado, de ahí el minorista se queda con una parte de ese dinero, el mayorista con la tajada que considera le corresponde, los fletes hacen lo suyo y las empresas de empaque y frío retienen lo que calculan como sus costos más la utilidad correspondiente por el servicio, tal como el resto de los actores de la cadena. Por lo tanto, para la manzana queda el valor residual de lo que se repartió oportunamente en el resto del sistema.

Tal como se refleja en el infograma adjunto, para una manzana Red Delicious de calidad que se vendió (promedio entre supermercados y frutería) en octubre del año pasado a 65 pesos por kilo, el productor recibió poco menos de 6 pesos. Es decir, el 9% del valor final de lo producido. En cualquier otro país, de los tradicionales que compiten con nuestra fruticultura, ese indicador se ubica por encima del 25%.

Este esquema residual deja muchos interrogantes.

Por ejemplo, ¿qué pasa cuando los supermercados hacen una oferta, como muchas veces se observa, bajando sensiblemente el precio de la manzana para atraer más clientes? Los beneficios de esta política se trasladarán a las utilidades de las grandes superficies a costa de pérdida de rentabilidad del producto. Al partir de ese precio bajo, el esquema define que todos en la cadena trasladan sus gastos más utilidades hacia el producto, sin que el chacarero pueda hacer nada al respecto.

Otro ejemplo: si un galpón es ineficiente, el producto está pagando esa ineficiencia ya que la empresa sigue cobrando servicios más utilidades teniendo en cuenta el principio de residualidad del sistema.

Como éstos existen decenas de ejemplos más que muestran las grietas de una matriz comercial que debería reverse a la brevedad para dar mayor equidad al sistema.

Un importante ejecutivo regional totalmente integrado en el sistema aseguró, no hace mucho tiempo, que “las empresas en el Valle pierden en la producción primaria, salen empatados en los servicios (empaque y frío) y ganan mucho dinero en la comercialización… así funciona la cosa”.

Un concepto interesante para desglosar.

 

Fuente: http://www.rionegro.com.ar/region/como-se-reparte-la-riqueza-que-se-genera-con-la-produccion-de-manzanas-AC4444714

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